5.19.2010

El que nada espera, nunca sufre desengaños


Todos tenemos ilusiones, y no es que sólo las tengamos, sino que las necesitamos también. Alimentan nuestros sueños, nuestras esperanas y nuestras vidas. Hay personas que viven con un miedo constante a que su corazón deje de latir en cualquier momento, sintiendo cada latido como un número más en la cuenta atrás hacia el fin antes que como señal inéquivoca de que estan vivos. Otros apenas si son conscientes de que un corazón late en su interior, y viven el día a día ajenos a la complejidad de su funcionamiento interno. Es posible que la inquietud de los primeros no afecte en nada al resultado final, pero es evidente que sí afecta a su punto de vista. ¿Es mejor preocuparse en exceso que no hacerlo en absoluto?